lunes, 30 de abril de 2018

Duatlón equipos Salamanca


Tercera prueba del año. En la primera la temperatura era bajo cero y en la segunda, al frío se le sumó el aire, muy fuerte. Con estos antecedentes mi gabinete de emergencia tomó medidas drásticas y en mi fuero, que es interno, se decidió no correr hasta que llegara un sol rotundo acompañado de manga corta. El viernes pasado salí a entrenar con la bici. Llevaba un maillot sin mangas y durante toda la tarde el sol me guiñaba un ojo. Me dije: ¿por qué no?  Así que el domingo tenía una cita en Salamanca: Duatlón por equipos, distancia sprint. 

Después de un buen madrugón llegamos hasta la capital del Tormes con lluvia, granizo, viento e incluso nieve en la sierra. ¡Tócate las pelotas! (valga el micromachismo, que no sé si lo es pero mejor no tentar la suerte).

Paraguas, chubasqueros, cortavientos, puestos de castañas, bufandas, representantes de Gas Natural, formaban parte del paisaje. Incluso en un generador de corriente a gasolina que daba electricidad a la zona de meta se le acercaron unos cuantos participantes recibiendo el calor desprendido por el escape. Por supuesto, eran Tripis. La junta directiva tiene que abrir expedientes disciplinarios y va a tener que poner en marcha un código deontológico ya. 

Otra vez que me pilla el toro (con perdón de los antitaurinos). Sólo llevo el mono de competición y un maillot de primavera por si acaso. Nando me presta una camiseta térmica y Luis unos guantes de poner tubos de riego para la bici (con perdón de los agricultores).

El club confeccionó dos equipos. En el primero iban los rápidos y en el segundo la junta directiva priorizó el rebote y metió un quinteto inicial (sexteto en este caso, con perdón de los matemáticos) que rozaba el 1’90. Solo nos faltaban Felipe Reyes y el Kaly. 

Éramos Félix, Diego, Álvaro, Adrián, el menda con sus guantes de poner tubos y luego Pablo. Pablo es un alma libre. Es la pluma que va de un lado para otro al inicio de Forrest Gump.  A la monotonía del grupo, al trabajo en equipo, al cuidar del resto, Pablo le mete su dosis de alegría, de espontaneidad, de anarquía. Tan pronto lo veías dándote una disertación sobre que no se puede volver a meter la pasta de dientes dentro del tubo como se paraba en la cuneta para comprobar si había pinchado. De repente cogía unos metros de ventaja bajando sentado en el cuadro de su bici en un descenso, como se quedaba rezagado diciendo que no podía más, eso sí, comiendo un plátano y contando un chiste: “-Con tanta lluvia tenemos que lavar la bici porque lo limpio es bueno. Me lo dijo Clean Is Good”. Mientras, todos nos pasamos la carrera dando “instrucciones” a Pablo, el alma libre.


Marcamos desde el inicio un suave ritmo encaminado a hacer la prueba como si fuera un entrenamiento tal y como estaba el clima. Lo importante era la salud, acabar sanos y salvos. En el giro nos hicimos análisis de sangre; en la primera vuelta una toma de la tensión; cuando llegamos a la colonoscopia coincidió, casualmente, con nuestro mejor ritmo (nos pusimos a 3’10 el mil) y no nos dio tiempo a realizarla; llegamos al box y pusimos en práctica una entrenada transición organizada. Los tres primeros debían adelantarse unos segundos e ir equipándose para dejar sitio a los tres siguientes y así no molestarnos.  El resultado fue bien distinto:

“-Merluzo, que te estás poniendo mis zapatillas.
-Deja de meterme el codo en el hocico, animal. 
-Ese no es mi codo, es tu casco, no ves que es de la talla 68 por lo menos, cabezabuque. Que lo has dejado en todo el medio. 
-Te estás llevando mi bici, copón.”

El tono de voz iba subiendo pero gracias a Dios llegó un juez que, con la cara perpleja, dio fin a la disputa. 

En la bici, después de que las primeras rampas nos hicieran olvidar el caos del box, el aire nos puso las cosas difíciles. Ponerte a rueda de un compañero era complicado. Salpicaba el agua como cuando abres el grifo del fregadero y el chorro se encuentra justo debajo con un cucharón que moja hasta las fundas del nórdico del vecino. 

En mi afán por ayudar a uno de los compañeros con un pequeño empujoncito casi me voy al suelo. Me vi tirado en el asfalto y me vino a la mente algo que leí una vez: “-Fierro que da al vidrio ¡ay del vidrio!  Vidrio que da al fierro ¡ay del vidrio!” No me caí y recordé lo hablado: “- Hay que acabar sanos y salvos”. Desde ese momento no he vuelto a tener contacto humano alguno. 

Casi al final del circuito empezamos a notar la presión de un equipo que nos estaba dando caza. El destino quiso que mi bici atravesara un bache que provocó que el inflador saltara y cayera al suelo. Instintivamente para evitar que los de atrás tuvieran algún percance grité: ¡BBOOOMMMBAAA!

Fue mano de santo. Al final, les sacamos de tiempo lo que viene siendo una publicidad de Antena 3. Creo que voy a invertir más horas en esta nueva I+D. Me va a dar ese plus que necesito, sobretodo en el agua. 

Volvimos al box de los hermanos Marx y un murmullo entre los jueces nos hizo comportarnos en esta ocasión como auténticos gentleman: 
“-Tú primero Félix. 
-Nunca antes que usted, Pablo.
-Insisto y no admitiré un no por respuesta, Diego.
- Mi educación me impide colgar la bici antes que la suya, Adrián.” 

Álvaro se negaba a ser el primero alegando que estábamos en su casa y éramos sus invitados. 

Entretanto, fueron pasando equipos y más equipos. Solo faltaba por adelantarnos el de la bomba que seguía cuerpo a tierra esperando a los TEDAX. 

Completamos el último sector dando “instrucciones” a Pablo para entrar todos juntos por el arco de meta, sanos y salvos. 


Después de una bonita mañana de deporte y de equipo fuimos a comer con nuestras parejas una buena paella a Castellanos de Moriscos (con perdón del pueblo musulmán) donde pudimos disfrutar de los triunfos de los nuestros: Carolina Marín con un nuevo campeonato de Europa. Rafa Nadal otra vez campeón en Barcelona. Carlos Sainz quinto y Alonso finisher. El Vrac y el Chami disputando otra final de la Copa del Rey. Los representantes españoles de Eurovisión entrevistados. Y, entre las risas de los periodistas, salta ella que se lleva en la maleta el libro “España de mierda”. Creo que ha habido un gran error con estos chicos. ¿Quién les da esos libros? Lo que tienen que leer es Bob Esponja y el helado de fresa; El trenecito Chu Chu; Verde Pasa, Rojo Espera. Cada cosa a su tiempo. Luego cuando tengan la mente un poco más avanzada (tampoco mucho, sólo como la mía), podrán leer, por ejemplo, un libro recién publicado que me ha encantado: “La Hez que aplastó a los Niñatos Hécticos ”. No quiero destripar la trama pero hay un capítulo tronchante que te sacará unas cuantas lágrimas de risa: El plató de eurovisión se llenó de aguacaca. Cuenta cómo los dos representantes españoles se suben al escenario después de haberse comido 8 euros de gominolas cada uno, más dos helados con sirope, más tres fresisuis y bla, bla, bla... (con perdón de la mesa)



Me voy alimpiar la bici por que Clean is Good.

martes, 27 de febrero de 2018

Duatlón Alba de Tormes

Mi intención para este pasado fin de semana no era otra que haber viajado a Galicia. Hubieran sido unos aburridos días pero no me habría importado hacer ese sacrificio. Me hubiera visto obligado a tomar espumosas cervezas o un vino blanco joven bien  fresquito al que te lo acompañan de tapas frías, calientes, tortilla y/o churrasco.  No siendo esto lo suficientemente inhumano me habría tenido que meter al cinto raciones y raciones de pulpo. Pobres cefalópodos vagando sin rumbo sin sus patitas. ¿Qué es un pulpo sin sus tentáculos? 

Pero.... el destino me llevó hasta Alba de Tormes para hacer un duatlón. De las dos modalidades yo escogí el largo porque me creía con el fondo suficiente que arrastro desde mi preparación en Numancia. Lo malo es que de Numancia han pasado ya dos semanas y no he hecho absolutamente nada de entrenamiento, salvo, claro está, el específico de avituallamiento. Con ese no me entra ni pereza, ni galbana, ni me lesiono; no me importa hacer series, ni intervalos; ni doblar mañana y tarde...


Para poner las cosas aún más difíciles, el miércoles, fui al gimnasio. Llevaba sin pisar por allí más de dos años y una vocecita me susurraba: “¿Cuánto hace que no ves un fantasma?”.  Así que decidí volver. Y si es poco recomendable hacer ejercicios de fuerza en semana de competición, si llevas dos años sin hacerlos, ni te cuento.



Fui al gym el miércoles pensando en coger fuerza para abrir las nécoras con soltura (hice sobretodo antebrazo y cuello), pero el plan divino me tenía reservado una plaza para competir. Me inscribí el jueves por que me veía bien, pero, oye, fue pagar  y me empezó a entrar un nosequé por las piernas... El viernes las tenía con unas agujetas del copón. El sábado muy pesadas. Y el domingo me levanté para ir hasta Alba como si tuviera dos columnas del Partenón. Esto no pinta bien, me decía. 

Para confirmar los malos augurios recojo el dorsal y me toca el 31. Mira por dónde, la edad en la que me maté hace ya 13 años (nótese que 31 y 13 juntos son palíndromos o capicúas). En la iglesia de Santa María. Toda una señal. Esto no puede ser bueno, me decía. 

Y para rematar y complicar más las cosas voy al vestuario y me encuentro con un duatleta del Ciudad de Lugo. Charlamos un rato y me dice que yo tengo pinta de ciclista y que él es un buen corredor; que podemos hacer un buen equipo. Pienso: “-Que Dios te conserve la vista, hijo, por que la intuición...”; pero lo que le digo es: “-Te has buscado un mal socio. Yo no voy ni corriendo ni en bici. Ahora si me buscas una buena pulpeira igual hacemos algo importante”.

Comienza la carrera con los primeros 10 kms. Sobre el 3 me cruzo (circuito de ida y vuelta) con otro corredor que debía tener la camiseta interior mal puesta porque le veía tocándose como intentando colocar algo por dentro. Y lo consiguió. ¡Vaya si lo consiguió! Unos tres segundos después de cruzarnos pegó tal fogonazo que en mi mente apareció: “-¡El rasca de la ONCE!”. Y no fue uno solo, debía de ser un corredor comprometido políticamente, y por aquello de la paridad, a continuación soltó otro. No sé qué género fue primero, si hombres, mujeres, o viceversa, pero le hicieron tronista. A partir de ahí comenzó a rodar a 3’30 el mil. Yo, asustado, le dejé marchar que ya está uno mayor para disgustos. 

En la transición no tengo ningún problema en encontrar la bici. Creo que solo quedaban 4. Allí están Nieves y Marcos Mr. Chip animando. Confío en recuperar posiciones y para ello cuelgo una foto en mi Facebook y escribo: “Ayúdame a recuperar posiciones. Sé que la mayoría no lo va a hacer pero si eres mi amigo de verdad di Amén”.  No debió contestar nadie. Vaya mierda de amigos de Facebook, me quedé igual. En la transición 2 me cuesta encontrar el hueco para mi bici porque están todas allí. Quito la entrada del Facebook mientras me acuerdo de las palabras del último dinosaurio que habitó el planeta. Estaba junto a su pareja contemplando el despejado firmamento de una noche de agosto  a la espera de una lluvia de Perseidas. Le habían despedido del trabajo, su hija quedó embarazada de un mamífero, su hijo fumaba helechos y su mujer se la pegaba con su mejor amigo. Una lágrima de San Lorenzo surcó la noche y su mujer le apresuró: “-Rápido. Pide un deseo”. Sus palabras marcaron nuestra historia: “-Que se mueran todos”.  

Comienzo a correr. Solo me quedan 5 kms. Veo a unos 200 mt un participante que parece que lleva un ritmo parecido al mío. Aprieto y me digo: “-A por él”. Dándolo todo le fui recortando hasta que, cuando ya lo tenía ahí, me di cuenta de que no era él, era ella. Ella era una señora del pueblo de unos 60 años, con una cazadora de colores (lo que hizo que me despistara) y para más inri ¡con muletas! Definitivamente ese no era mi día. Eso sí, le pasé fácil. Y no porque se parara a hablar con la Ezequiela.



Entré en meta muy tarde. Me duché con agua fría (se acabó la caliente). Fui a recoger la bici ¿al box? No. ¿Para qué? Directamente me acerqué a Objetos Perdidos. No quedaban ni Tripis

Llegué a casa con las piernas doloridas y me di un gel de esos tipo Vicks Vaporub para relajarlas. A los 30" empezó a sonar una canción de Manolo Tena que subía por mis tobillos hasta mis inglés brasileñas: “Estoy ardiendo y siento frío”. 

Me acordé de ese último dinosaurio y me quedé dormido: ¡Que se mueran todos!  

martes, 13 de febrero de 2018

Duatlón MD Numancia

El otro día estuve viendo Espartaco y me entró una mala leche que paqué. ¡Romanos! Total, que unas cosas llevaron a otras y acabé inscrito en el Duatlón de Media Distancia de Numancia. Para iniciar la temporada no está nada mal:  la semana más fría de todo el invierno, una distancia larga de narices, un viento previsto del copón y encima Campeonato de Castilla y León. 
Pero era necesario. Tanta inactividad me ha dejado triste. Como bien sabéis, uno de los aminoácidos esenciales incluidos en el código genético que se relaciona con la serotonina y, por ende, con la felicidad es el triptófano. Los científicos lo consideran  esencial, es decir, sólo se obtiene a través de la alimentación. Lo que no saben los científicos es que un isótopo del triptófano se puede metabolizar en un montón de pruebas deportivas, como por ejemplo, ésta de Numancia. A este isótopo se le conoce como tripi-tofano. Es mil veces más potente que su gemelo y más fácil de conseguir.
¿Tienes problemas para dormir? ¿Tu perro te ladra? ¿Todo te male sal? Alístate en el Tripi. Disfruta de dosis gratuitas de Tripitófano. Prueba nuestro fluido rosa.

Hasta Numancia nos fuimos Nando, Luis y yo en la flamante auto caravana nueva de Luis que tiene de todo. ¡Hasta volante! ¿Estás sucio? Ducha. ¿Tienes hambre? Frigo. ¿Tienes sueño? Cama. ¿Un apretón? Tigre. ¿Camboya? Nando.
Cuando llegamos (la tarde anterior a la prueba), no había ni romanos. Así que decidimos hacer la charla técnica de la carrera. Luis nos invitó a pasar a la sala de reuniones: puerta del copiloto a la izquierda. Allí urdimos cómo sabotear a los sorianos del Deporama para poder proclamarnos campeones de Castilla y León por equipos. Estaba todo perfectamente planificado, no había lugar al error:  nos meteríamos en la web de la federación y cambiaríamos  el domicilio fiscal del Deporama a Tabarnia. Pero llegaron Kaly y Nana y se opusieron vehementemente a que se vulnerara la ley. Hablaban de la honradez, los valores del deporte, del sacrificio, la abnegación, etcétera. Tuvimos que encerrarles en la sala Luisdemont (maletero al fondo y a la derecha) para seguir con nuestro plan.
Llegó la hora de la cena y Luis nos llevó hasta el comedor Carlos III, junto al depósito de gasolina. Cuando nos vimos obligados a desaflojar dos puntos el cinturón consideramos que era la hora de ir hasta el aula de audiovisuales para ver la final de fútbol sala en la pantalla gigante.
Mientras nos acomodábamos, Nando salió fuera a buscar un sitio tranquilo (ejemplo claro de eufemismo). Volvió con un par de kilos menos y una sonrisa en la cara. Al día siguiente vimos el cuerpo del delito en un solar cercano y una pintada: Aquí cagué yo”. Cuando, después de la carrera, le ves en el podio recibiendo su premio de campeón veterano II, con su porte de hombre respetable, objeto de admiración por parte de los demás, no paras de preguntarte: “-¿Qué es lo que ha fallado en el plan de Dios?


Nos fuimos cada uno a su suite y dormimos plácidamente.

a D. Comienza el ambientillo de carrera, las charlas con los amigos, las mentiras inveteradas (llevo sin rodar nosecuanto, estoy tocado de la rodilla, ayer me comí dos cuartos de lechazo, mi suegra ha estado toda la semana limpiando mi cabra y no sé qué pensar....), y entre unos y otros aparece Manuel Aceña, uno de los fundadores del Tripi y ahora en el Seler. Aprovechando la ocasión le pedimos unas aclaraciones sobre la Creación Rosa (no dejes de leerlo).

Ya en la salida los del Deporama intentan intimidarnos. Los cerca de 10 duatletas posan para la foto del equipo. Vaya si lo hicieron. Viendo los cuádriceps de sus miembros y miembras dije: -Aquí no hay nada que hacer, Luis. Nos  iremos orgullosos con nuestro subcampeonato.

Jodido de frío, sin saber muy bien qué ponerme no paraba de preguntarme eso de “¿quién me mandará a mí...? Aunque sé que dentro de unas 3h, cargado de Tripi Tófanos, lo que resonará en mi cabeza será me equivocaría otra vez”.
Salimos y lo de siempre, miro hacia atrás y sólo hay dos jueces y el de la ambulancia. Ya ni me inmuto. Que corran, que corran.... Si esto dura 3 horas. Ya alcanzaré a alguien, digo yo. Y si no, tendré que confiar en algún pinchazo o en la aparición de calambres.
Alguien entre el público se mofa de los colores del equipo y de mí: -Vamos campeón, que nadie te diga que no puedes ser una princesa. De la próxima asamblea no pasa. En el mono hay que meter más negro y algún dibujo de un mando a distancia. Esto es intolerable.
Se pasan los 9 km. del primer sector y comienza lo divertido.  Cojo la bici a la vez que Luis y Kaly. La zona de montar está cuesta arriba y Luis y yo, mucho más experimentados que Kaly, intentamos forzar la subida. Nos toca echar el pie a tierra mientras Kaly sube corriendo, se monta y desaparece. Nana, que andaba por allí, nos lanza unas alentadoras palabras: -¡Eventuales. Que parecéis nuevos. Los más burros. Y encima con el plato. No sé ni para qué vengo a veros!.  Desconcertado, me tranquilizo haciendo lo que mejor se me da: comer. Mientras monto me meto un gel, medio plátano, dos tragos de mejunje y se me cae el bote. Menos mal que Nana no lo ha visto. Comienzan los 56 kilómetros a cara de perro. Dos vueltas con el aire de cara al principio. En seguida adelanto a media docena de compañeros. Muchos de ellos tienen una visión diferente de la mía de lo que es el drafting. Ellos sólo consideran que están chupando rueda si una moto de juez se pone a su lado; así que se me pegan, aguantan allí como un martillo al sol y como el aire pega de cara no oyen la moto de los jueces que viene detrás. Pero eso sí, tienen ojos, y cuando ven la moto, se hacen a un lado y pegan un tirón que me hacen sentir culpable y parece que fuera yo el que disfruta del drafting. Para evitar problemas en el primer repecho hago un esfuerzo y consigo marcharme antes de llegar al giro. Ahora el aire pega a favor. Todo son unicornios y algodones de azúcar hasta iniciar la segunda vuelta. 
¡Joder! Ahora sí que sopla. Parece como si volviera a mi infancia y sacara la cara por la ventanilla del R6 de mi padre a sus buenos 80 km/h. Sigo adelantando participantes que van muy justitos. Aquí parece que el drafting ya no es tan interesante. No hay fuerzas para nada. El viento nos va dejar con lo puesto para acabar los 9 km de carrera a pie.


Llego al box y me quito mucha ropa para la carrera. Dejo hasta las gafas. Veo alguna bici en el suelo que la ha tirado el viento y a mi paso las vallas que limitan el box quieren hacer drafting conmigo. Me libro por apenas medio metro. Los jueces, en lugar de mandarlas al penalty box, dialogan con ellas y las levantan. Yo me voy y completo la primera vuelta con lo poco que me queda. Faltan 2 y los calambres me quieren presentar sus respetos. Comienza la guerra psicológica de “No dejes de correr--Anda sólo un poquito que no te ve nadie. Por delante llevo a dos a los que voy recortando y me obligo a no parar. Les paso y aparece el signo inequívoco de que ya solo queda sufrimiento. Ese signo no es otro que cruzarte con uno de tu equipo y no levantar la mirada. En este punto apareció un nuevo invitado: el hombre que nunca se rendía. Un tipo al que le encantaban estas crónicas. Sin saber de dónde salía su voz, oí cómo me decía: “-¡Qué pasa, mariquita!¿No vas a acabar?
Será capullo. No me va a dejar andar. Tiene narices, lo que menos le gustaba de este mundillo, la carrera, ahora resulta que se le da de miedo. Y, extenuado,  atravesé la meta con su ayuda, convencido de que, a pesar de todo, sigues haciendo tus duatlones.
Me fui a la carpa, sector donde me siento más cómodo, e hice una demostración de mi depurada técnica de avituallamiento. Caldos con la izquierda (2 vasos); plátano, galleta de chocolate, Powerade y botellín de agua con la derecha; en la entrepierna los guantes, la gorra y el dorsal; y en la boca la licencia mientras masticaba dos magdalenas y hablaba con un juez de un modo más o menos entendible, y guiñaba un ojo a Rubén que hizo segundo.
Al final conseguimos nuestro objetivo,  subir al cajón. Segundos por equipos de Castilla y León. Arriba, en  el podio, buscando a Kaly entre el público para que subiera con todos, con el trofeo en la mano me vinieron a la cabeza de nuevo esas palabras: “-Qué nadie te diga que no puedes ser una princesa”.



martes, 15 de agosto de 2017

IV Desafío Castilla y León

Llegó una nueva edición, la IV, del Desafío de Castilla y León, y, con ella, mi cuarta participación, aunque en esta ocasión me caí de la Tierra Media e hice el de distancia Madrid (casi olímpico).
Mi actuación comenzó el sábado haciendo de guía del circuito de ciclismo. La quedada se organizó a través de la red y como no conocía a los asistentes intenté que me reconocieran fácilmente: "-Estaré en la puerta del polideportivo. Me llamo Juan Luis y mido 1'90. Peso 87 kg -puse en la red social-. Imagino que os identificaré por llevar un metro y una báscula."  Se presentaron cerca de una docena de triatletas y pasamos una agradable mañana de recuerdos de participaciones en maratones, ironmanes, ultramanes y desmanes. Un compañero de Cádiz me contaba la dificultad que tiene para sacar tiempo dedicado a preparar estas pruebas tan largas. Intenta hacer todo lo posible para no quitarle el tiempo a su familia. Refería que en su último Ironman, para compensar, al entrar por meta, orgulloso y extenuado, se colgó la medalla de Finisher, besó a su mujer y le dijo: "-Pues ya he llegado. Hoy me encargo yo de los niños. A ver ¿cómo se llama éste?-"

Amaneció un domingo frío y me acerqué con mucho tiento al box, esperando la emboscada del cuidador del campo de fútbol. ¿Con qué nos sorprendería este año? Para los neófitos podéis consultar crónica del año pasado aquí. La tensión se mascaba en los más veteranos pero quizás ésa fue su sorpresa: la tensión.

Mi amigo Fran, sin perder de vista los aspersores, miraba mi bici: "-¿La has repasado?" Yo, bajando la vista al cambio trasero respondo: "-Eso es indiferente. La bici está perfecta y así va a estar hasta la hora de la carrera. Tengo demasiada experiencia para saber esto. Luego ya, cuando comience la competición, el cambio se empecinará en no subir o en no bajar".

Son ya las 8 en punto y me dirijo hacia las aguas del canal. Hay un poco de jaleo buscando a un triatleta justo antes de la salida del Medio. Los jueces piden por megafonía que salga del agua el triatleta 147 por que no lleva puesto el chip. Estuvieron un buen rato llamando pero no apareció. Más tarde me enteré de que era un portugués y que su madre, en un acto heroico, le había pegado un tiro en la pierna cuando éste intentaba meterse en el agua sin haber esperado las tres horas de la digestión. Le salvó la vida y evitó la catástrofe. Luego le montó en su carrinha, cargó su bicicleta en el maletero y, sin perder un minuto, tomó la carretera de Salamanca para cruzar la frontera de Fuentes de Oñoro y dejar la herida en las manos de los galenos lusos. 

Putas gafas!!!
Me meto en las aguas del canal. Mi estrategia la llevo muy estudiada. Voy a ir por todo el medio del canal, se pongan los jueces como se pongan. Estoy harto de broncas, magulladuras y cicatrices. El ultimátum de mi mujer no tiene nada que ver en esto. Comienza el tiroteo y... ¡bingo!  Ni un solo golpe, es más, ni una sola salpicadura. Así, llego hasta la mitad del recorrido donde un juez me recibe: "-Por dentro de las boyas, triatleta." Ha llegado el momento y tiro de estrategia: "-Mi no entender". Mi gozo en un pozo. En apenas un segundo tira al suelo días y días de trabajo: "-Anda Juanlu, deja de hacer el gilipollas y vete por dentro de las boyas. ¡Y cambia de gafas, coño!".  Murmurando “putas gafas” fui completando la otra mitad por dentro de las boyas. Ahora entiendo cuando los compañeros más veteranos me hablan de lo importante que es cuidar los pequeños detalles. Tomo una nota mental: “Para el año que viene cambiar las gafas. María José. Reyes Magos.” 
Voy a por la bici con la vista puesta en los 7 aspersores que me separan de ella. Ninguno se activa. Otra nota mental: “Preguntar a familiares por salud del cuidador del césped. Posible enfermedad grave.”

Cojo la bici, inicio un pedaleo monótono y constante sólo alterado por el sonido más bonito que se puede escuchar en este deporte. No me refiero a cuando el rival para, sacado de punto, para vomitar. Me refiero a la música celestial del rodar del carbono sobre el asfalto. Es una cosa maravillosa. Me recuerda a las películas medievales cuando los caballos de guerra inician la carga contra el enemigo.
Me permito el lujo de dar consejos a un par de triatletas a los que adelanto, como si yo entendiera de esto: “-Dobla el lomo que te vas comiendo todo el aire”. “-Cómeme no sé qué”- me respondió uno. Es lo que tiene ir bien y venirse arriba. Eduardo Punset, entre el público, hacia una disertación sobre la energía cinética y el momento de inercia del carbono rodante.

Qué foto más chula Susana

Me voy cruzando con mis compañeros del Tripi. Somos muchos. Qué gran equipo. Cuando empecé en esto del triatlón elegí el Tripi porque me gustó. Pero hace una semana sentí que me había equivocado de equipo. Iba dando pedales a unos 200 mts. detrás de la grupeta de rosa. Alcancé al grupo y comencé a hablar de las bondades de AutoMundo, Alejop, VinoTinto, Terra d’Uro, Ferrallas Gerardo León, Restaurante Piedras Negras…   Hartos de mí, se dieron la vuelta y me dijeron sin contemplaciones: "-Pero a ver, ¿tú quién coño eres?". Me quedé blanco. No eran ellos.
Termino el sector de bici. Salgo sin tener muy claro qué pasillo tomar y acabo pasando cuatro veces por la alfombra que lee los chips. Marcos, el Señor de los Chips, alucinaría con mis tiempos. Paso por los avituallamientos llenos de voluntarios animosos y miopes que no paraban de llamarme guapetón y después de más de 2 horas y cuarto atravieso el arco de meta, justo en el mismo momento que en la puerta de urgencias del Hospital de Coimbra un joven de 32 años era recibido por los médicos con un disparo en la base del quinto metatarsiano.  



Veo a Kaly que se acaba de bajar de la bici e inicia la carrera a pie. Los demás corredores llevan cara de circunstancia pero Kaly parece el tío más feliz del mundo. Se acerca más y veo el porqué. Lleva un sándwich de Nocilla. Nada de geles, barritas, ni mierdas. ¡Nocilla! Felicidad dentro de pan. Aunque estoy acabando, creo que voy a parar 5' la crónica.
(5 ' después) Cómo me he puesto. (Cojo una servilleta y limpio la tecla espaciadora. Tiene una mancha marrón).

Voy a recoger la bici al box. Hay mucha gente esperando. Detrás de mí llegan dos triatletas vascos: “-Qué cola más larga-dice uno- El otro atacado por el golpe de calor y pensando en alto responde: “Si me dieran un euro cada vez que he escuchado esas palabras”.   Nota mental: Evitar ducha con los del mono verde y negro. 

martes, 18 de julio de 2017

Tri Toro

Cuando vemos en las noticias que viene una ola de calor africano nos echamos a temblar. Ha llegado la hora de que seamos nosotros los que infundamos el terror. Devolvamos a los subsaharianos años y años de opresión por altas temperaturas. Se van a enterar éstos cuando vean en sus televisores que en los próximos días les visitará una ola de calor procedente de Toro que no les va a dejar ni ponerse el neopreno para sus triatlones. 

En Toro se prohibía el uso del neopreno, pero ¿para todos? No. Solamente a algunos ancianos, como medida de gracia, para evitar la vergüenza y la mofa del resto con los escapes de orina, se les permitía su utilización. Entre el grupo de ancianos había uno con una pitera por la que asomaba un pequeño chorro de orín delator. El resto, con nuestras fabulosas vejigas y unas próstatas envidiables, echábamos el pis del miedo en las aguas del Duero, calentando más si cabe, la zona de salida. 

Sobre el papel parecía un triatlón bastante asequible. 500 m de nado. 10 kms de BTT y 2'5 km corriendo. Llegamos con tiempo para ver el recorrido de bici y pudimos comprobar que de asequible nada. Allí nos topamos con unos emisarios de Ninja Warriors en busca de escenarios para la próxima temporada.  La organización tenía el circuito decorado con infinidad de señales de peligro por doquier: "Atención: Bajada peligrosa". "Cuidado: Subida pronunciada". "Perros sueltos". "Peligro de muerte". En la única zona que parecía llana y sin peligro situaron un aviso con la leyenda: "Danger: Suegras y cuñados viendo la carrera". En definitiva: era duro, muy duro. Había desnivel hasta en la natación. 

Iniciamos el primer sector en el Duero con mucha amplitud y mucho espacio. Esto me llevó a pensar en una natación tranquila y limpia. ¡Ay! Qué equivocado estaba. El caso es que fueron 500 mts de golpes. Y lo que más me molesta es que nunca identifico a los agresores. Solo veo gorros sin rostro. Mi búsqueda de culpables no da resultados satisfactorios. Eso sí, al salir del agua, salimos tres Tripis juntos. Mis manos en un estado de normalidad absoluta y las de mis compañeros rojas como tomates. Entre ellos se sonreían. Todo era alegría. ¡Qué club tan grande!

Te pican las manos, eh, Adolfo!


Me subo a la BTT y a los pocos metros me adelantan dos parkoures haciendo cabriolas. El camino tiene mucha piedra suelta, muchos socavones y de vez en cuando (gracias a algún socabrón bienintencionado) te topas con arena para tapar baches que te deja la bici clavada. Hay que dar 3 vueltas. En la información de la prueba señalan que tiene alguna rampa al 25%. No sé si llegaría a eso pero sí que se acerca, cuando menos, a mí IRPF. 

Prácticamente en el primer kilómetro invado el carril contrario y una zanja me impide volver al mío. Lo que yo creía que era un juez, me lanzaba con mucho tacto y delicadeza: "-27, o vuelves a tu carril o te descalifico yo. 27-". Le faltó añadir: "-Para chulo mi pirulo, 27". Luego me enteré que, aunque es juez, en esta prueba era uno de la organización. De haberlo sabido antes hubiera vendido mi alma al diablo porque mi dorsal fuera el trece o acabara en cinco. Mi capacidad de respuesta habría sido bien diferente. 
En la segunda vuelta adelanté en La Empedrada, la rampa más dura, a una cordada compuesta por cuatro experimentados alpinistas que intentaban llegar al campamento 1. 

Al 25%


Con los riñones hechos polvo me bajé de la BTT como si hubiera recorrido 400 kms e inicié lo más difícil de este Triatlón.  Y esto no era otra cosa que contar las vueltas de carrera a pie. Había más vueltas que kilómetros, algo difícil de ver. Oficialmente eran 3. No sé qué pasaría por las cabezas de los primeros corredores pero los jueces descalificaron a 5 participantes por acortar. Entre ellos 3 de los 5 primeros, incluido el ganador. 

De haber puesto más vueltas creo, sinceramente, que con mi cabeza, fría y calculadora, hubiera hecho podio. Inicié este sector con un juez dándome indicaciones: "-Dorsal delante". Me lo dijo de una forma tan convincente que protegiéndome la cabeza le contesté: "-No. No me pegues".

Recorrí lo que parecía un sinfín de idas y venidas por el arco de meta. Eran tres vueltas pero en cada una pasábamos tres veces por la misma recta. Así que la carrera se convirtió en un laberinto en la que contar pasos por meta era esencial. De tanto ir y venir me sentía como una partícula de Heisenberg en Ikea. Con todo esto llegaron las descalificaciones por acortar en el recorrido. Los tiempos cantaban. En el último sector algunos corredores bajaban de 3 minutos el mil y alegaban a los jueces no el típico "esto no es lo que parece" si no un novedoso "esto parece lo que no es". 

Ya me veía yo allí subido en lo más alto, recibiendo el trofeo de manos de Rubén, acompañado, por falta de supervivientes, por un miembro de la cordada y un parkour, mientras el resto de los participantes discutían con los jueces, protegidos por la Guardia Civil que intentaba poner orden y pedía refuerzos. Pero la realidad era otra: Adolfo segundo en Vet I; Nando primero en Vet II; además de Javi, del triatlón Rioseco que, a pesar de salir del agua conmigo, o sea, muy atrás, remontó hasta la segunda posición en la general, si este chico nadará más...

Viva el vino de Toro


A la vuelta, con Nando premiado como mejor veterano II, le fui hablando de la próstata y los guantes de látex. No le debió sentar muy bien y se hizo un silencio incómodo. Para romperlo me entusiasmé: 
"-No hay mejor vehículo que las palabras"
"-Pues bájate del coche y vuelve a Rioseco en este diccionario- me contestó".
“-Pero...”
“-No. Ahora, te jodes."